Aviso para navegantes

En memoria de Fernando Cuen Martín, que me amó y creyó en mí. Ya ha pasado un año. Siempre en mi corazón.

sábado, 31 de octubre de 2015

Potros y tortugas o la vida que huye




Sábado...otra vez. Los días pasan unos detrás de otros, a veces brincan y saltan y trotan como potros salvajes; otras veces se arrastran lentos, un paso detrás de otro, como tortugas centenarias. Pero el resultado siempre es el mismo: al llegar el sábado y mirar atrás, me pregunto dónde ha ido cada minuto, incluso esos que se alargaban sin fin y se olvidaban de irse mientras correteaban sobre las teclas del ordenador y se escondían entre los papeles. Pasan los días y pasa la vida y apenas nos damos cuenta de lo frágil y fugaz que es, perdidos en nuestros estúpidos quehaceres y obligaciones.

Durante los últimos seis meses, hay días en que he llegado a detestar la vida y la he acusado de arrebatarme a quien quise y quiero tanto. Y, sin embargo, no es la culpable. Lo cierto es que, corriendo de un lugar a otro, la dejamos de lado, al borde del camino y luego, cuando giramos la cabeza, o bien no la vemos, o la distinguimos como un punto pequeño en el horizonte. Es entonces cuando nos preguntamos cuánto tiempo hace que se quedó ella allí sentada esperándonos, y la pobre no entiende por qué nos quejamos tanto de que se vaya tan rápido, cuando somos nosotros los que la dejamos olvidada.

Hace un par de días, al abrir mi armario, en donde aún está colgada su ropa al lado de la mía, no puede evitar acariciar sus camisas y buscar su olor en su chaqueta. Tarde o temprano tendré que guardarla y decidir qué hacer con ella, aunque de momento me siento incapaz de desprenderme de nada. Sé que él no va a volver, pero tenerla es como tener algo suyo, algo material y tangible.

Fernando nunca dejó la vida al borde del camino, siempre la llevó con él, firmemente cogida de la mano. No dejó que se le escapara ningún minuto, hizo cientos de cosas, disfrutó de cada momento de diminuta felicidad.  Era vital, y las desgracias propias y ajenas a las que tuvo que hacer frente no hicieron más que reforzar esa gran fuerza interior que le permitían valorar la vida, la Vida: la rosa y las espinas, la miel y las heces.

Cuando el vacío de su ausencia se mitiga un poco, cuando la tristeza se echa a dormir durante un rato, me digo a mi misma que tengo que seguir adelante, por él y por mí, que tengo que aprender a vivir como el vivió. Sé que es imposible, pero quizas su ejemplo me sirva, cuando su pérdida sea más llevadera, para recoger cada minuto perdido, tenderle la mano a los días, a los pasados, a los presentes y los que están por venir y seguir caminando hasta que llegue la estación en la que tenga que bajarme. Así podré saludar a los que sigan su viaje, sin arrepentirme de lo que dejé por hacer, satisfecha de haber hecho mi camino lo mejor que supe. 

sábado, 17 de octubre de 2015

Ida y vuelta o el eterno retorno




De Barcelona a Madrid, 17 de octubre de 2015

Son las 8:10 de la mañana. El AVE acaba de dejar atrás la estación de Sants en dirección a Madrid. Sus siguientes paradas son Camp Tarragona, Lleida Pirineus, Tres Delicias, Calatayud y, como final de recorrido, Madrid-Puerta de Atocha.

Escribo esta entrada mientras contemplo el paisaje a través del cristal de la ventanilla  a 239 km/hora y escucho Arcadia de Miriam Stockley. Desde hace unos años, cuando necesito escribir, soñar, perderme en mi mundo, es la música de este estilo la que necesito.

Madrid es mi destino por primera vez desde hace cinco meses. En aquella ocasión fue para hacer que las cenizas de Fernando descansaran en paz. Las cenizas y no su espíritu, porque Fernando era un hombre inquieto, un hombre de acción…y ahora que por fin está libre de ese cuerpo material que enferma, duele y se cansa, imagino que no cesa de recorrer su Sierra de Guadarrama, de interesarse por lo que hacen sus amigos, de recoger noticias para tener informados a los habitantes de ese mundo al que llamamos Más Allá (aunque en realidad está muy cerca, en nuestros corazones). Y, estoy totalmente segura, sigue los pasos de su ranita, que no lo olvida ni un solo momento. Siento que, muchas veces, vea mi tristeza, mi melancolía, mi rabia… 

Cariño, si no fuera así no se le podría llamar amor a lo que sentí y lo que siento por ti.

Este es un viaje de ida y vuelta. El domingo volveré a estar en Barcelona. Es un viaje de ida y vuelta, en realidad un viaje de eterno retorno, pues, aunque no sé cuánto tardaré en volver a pisar Atocha cuando tome el tren de regreso, mis sentimientos y mi corazón retornan una y otra vez a Fernando.

Sé que él no querría que me rindiera a la pena y a la desilusión. Él no. Vital, amante de la vida como era a pesar de los desengaños, a pesar de la desesperación por la estupidez humana y las injusticias, nunca dejó de disfrutar de cualquier momento de felicidad, por pequeño que fuera, como contemplar abrazados el mar o pasear con sus perrillos.

Bruna se marchó antes que él. No me cabe duda de que ahora ella vuelve a trotar a su lado, salpicando trozos de nube, contenta de haberse reunido otra vez con su amo querido. Zulú y yo nos reuniremos con ellos cuando llegue el momento y, desde allí, cuidaremos de los que queremos, de aquellos que nos recuerden con lágrimas en el corazón y una sonrisa en los labios.

Poco a poco hago las paces con la Vida y con la Muerte, que no son más que las dos caras de la misma realidad. Durante un tiempo no vemos la cara oculta, como sucede con la Luna pero,  cuando nuestros días terminan en esta cara visible desde la que ahora escribo estas líneas, hacemos un viaje a la cara oculta…y es en esa cara oculta en donde la iluminación es mejor…. Eso es lo que creo cuando la pena me da tregua y de nuevo mi yo anterior a la muerte de Fernando bracea hasta la superficie para respirar.

Volveré a ser yo, pero ya nunca seré la misma. Fernando abrió mi campo de visión y me hizo ampliar mi perspectiva. Mi vida nunca será la misma después de haberlo conocido. Y su muerte ha vapuleado ideas y creencias y me ha dejado temblorosa y perdida…

Sin embargo, tras estos meses de sufrir por su ausencia, de tristeza, de rabia contra todo, de ira contra la Vida, contra la Muerte, contra Dios… tras estos meses de no encontrar sentido a nada, he conseguido aferrarme a un resquicio del precipicio, he escalado dando traspiés y me he sentado mirando al horizonte.

Nunca seré la misma, pero el sentido de la vida sigue siendo el que era, amar, cuidar, arropar el alma de los que quiero y de los que llegarán y a los que querré. ¿Qué otro sentido tiene la vida? Sí. Vivir el momento, disfrutar, irse de viaje, tomarse unas copas…. Pero yo no hablo de ese tipo de sentido. Yo hablo del sentido trascendente, del que está dentro de nosotros, de nuestra conciencia, de nuestro espíritu, de eso que me niego a aceptar que muera cuando nuestro pobre cuerpo hecho de agua, de células, de materia, desaparece. Su muerte me ha puesto muy difícil continuar creyendo en eso, pero creo que ganaré la batalla. 

Por ello, no permitiré que mi corazón se empozoñe con el dolor que esos que hirieron y que quisieron humillar a Fernando me causaron. Lo que le atrajo de mí, según decía, fue mi sinceridad, mi generosidad que hacía que no me diera cuenta de la maldad que existía.

Ya tengo 49 años y mucho vivido, sobre todo desde abril, y ya sé que la maldad existe y no sólo en las noticias de televisión, sino muy cercana, como la que le rondaba a él…. Sin embargo, no dejaré que mi corazón se pudra como el de aquellos que, en lugar de con comprensión y amor,  envolvieron a Fernando con odio. No. No lo permitiré porque entonces habrán ganado la guerra y la ranita que él amó dejará de existir.

Eso no quiere decir que olvide o perdone. Ni olvidaré, ni perdonaré. Y si la vida me da la oportunidad, devolveré el golpe.

domingo, 11 de octubre de 2015

Perspectivas y expectativas



Decidí que tus cenizas descansaran en Madrid, cerca de la sierra de Guadarrama  que tanto amabas y que habías recorrido desde tu infancia, palmo a palmo. El monte era el lugar en el que te refugiabas cuando los fantasmas del pasado o los demonios del prensente menguaban tus fuerzas y zarandeaban tu espíritu.

 El diablo no existe. Hay personas que son diablos. Tú y yo lo sabemos. Y la realidad es, en muchas ocasiones, cruel, despótica y arbitraria, por mucho que cambiemos la perspectiva desde la cual la contemplamos. Es mejor no crearnos demasiadas expectativas porque la realidad puede aparecer disfrazada de negro con una guadaña y cercenarlas de golpe.

Los días pasan y yo no tengo demasiadas expectativas...ni tampoco demasiadas ilusiones... Sigo con el piloto automático conectado mientras mi corazón y mi mente vagan sin un rumbo definido entre los recuerdos y el dolor de la ausencia. En algunos momentos no puedo entender que ya no estés, que te marcharas de repente, de un día para otro. Que estuvieras vivo y un segundo después tu corazón dejara de latir.

Hay días en que se diría que el optimismo abre las cortinas y sube la persiana. Entonces, entra algo de luz y soy capaz de ver algo a través de las brumas del futuro, y me siento capaz de seguir adelante, de hacer planes, de estudiar, de cambiar de trabajo, de volver a ser feliz. Sin embargo, hasta ahora, sólo sucede durante cortos espacios de tiempo, una hora, una mañana...y entonces tu pérdida vuelve a bajar las persianas y cerrar las cortinas y me siento sola, melancólica y (cuando la soledad y la melancolía se hacen insoportables) furiosa.

Expectativas que se quiebran y decepciones que escuecen. La muerte es una excelente maestra y pronto nos enseña que, al final, el que sufre y el que más llora a un ser querido es el que se queda solo, el resto de familiares y amigos se desvía pronto del camino del duelo y retoman sus vidas como si nada hubiera pasado.

Ayer por la mañana el optimismo abrió las cortinas y subió las persianas de mi alma y, en aquel momento, pensé en la próxima entrada de mi blog y en lo que quería explicar  pero, aceptad mis disculpas aquellos que me leáis si en realidad esta entrada vuelve a estar teñida de tristeza y meláncolía. Mi habitación está a oscuras.

LLegarán días mejores, el dolor y la tristeza darán lugar a la dulzura del recuerdo y yo podré continuar con mi camino, pero la Gran Maestra me habrá enseñado algunas lecciones, entre ellas que no debo esperar demasiado de nadie, ni crearme demasiadas expectativas. La única persona de la que hubiera podido esperarlo todo ya no está.







sábado, 3 de octubre de 2015

Habitación con vistas

El otoño ha llegado. Desde hace días el cielo se ha cambiado de ropa y viste de gris, y estalla en llanto a cada momento, mojando de lágrimas calles y tejados. El cielo no quiere despedirse del verano y se aferra a su mano porque sabe que no volverán a encontrarse hasta dentro de mucho tiempo. El cielo y el verano tienen suerte, algún día, dentro de unos meses, volverán a abrazarse, pero las despedidas siempre son tristes, aunque no sean para siempre.


La pereza me envuelve, el color gris también es el color de mi alma. También llegará el verano para ella, pero no habrá ningún reencuentro, porque Fernando no volverá para abrazarla, no volverá para abrazar mi alma y acariciar mi cabello.

Sin embargo volverá a salir el sol y quizás yo misma podré iluminar con mi propia luz a otras personas. 

Desde abril no he cesado de preguntarme por el sentido de la vida.  Día tras día me cuestiono si vale la pena estar en este mundo, traer niños a él, me pregunto de qué sirve nacer.  El "carpe diem" que todo el mundo invoca me parece casi una estupidez si al fin y al cabo la muerte llamará a nuestra puerta más tarde o más temprano. 

Sin embargo, a pesar de la tragedia, de la tristeza, del tremendo peso que soporta mi espíritu, a pesar del odio y la rabia, aunque no quiera escuchar esa voz que se ahoga dentro de mi desde que él murió,  de tanto en tanto, a fuerza de intentarlo, consigue llamar mi atención y me recuerda que, por mucho que dude, el significado de la vida sigue siendo para mi el mismo que ha sido siempre: dar amor, cuidar, crear un hogar en el que los míos se sientan queridos y protegidos y caminar por el camino de mi existencia haciendo todo el bien que pueda y, en su defecto, intentando hacer el menor daño posible. No siempre lo he conseguido, pero siempre, a pesar de mis imperfecciones, de mis defectos, de mi ego y de mis debilidades, es lo que he creído y es lo que he intentado. 

Habitaciones con vistas. Nunca me cansaba de hacer la misma fotografía desde el balcón de su hogar, desde el balcón del salón. La sierra al fondo, el campanario coronado por los nidos de las cigüeñas, los tejados. 

La fotografía que encabeza mi entrada de hoy es una de tantas versiones del mismo paisaje, de las vistas que podía contemplar desde su salón, desde su habitación , de las vistas que no podía evitar fotografiar cada vez que iba a visitarlo. Fotografías al amanecer, al anochecer, con sol, con nubes. Ese paisaje era, para mi, uno de los simbolos de nuestro amor. Frente a ese paisaje, abrazados en el balcón, sentíamos unan paz infinita.  Recuerdo que alguna vez lo habíamos expresado en palabras mientras contemplábamos el horizonte, diciendo algo así como: "¡Qué poco pedimos! Simplemente compartir cada día estos momentos de tranquilidad, de paz, juntos"

Ha llegado el otoño y llegará el invierno. Espero que algún día mi alma consiga sacudirse el frío y que, cuando abra la puerta, la primavera haya regresado y el sol vuelva a calentarla. 

Siempre, siempre, suceda lo que suceda, mi corazón será el hogar de Fernando, el lugar en el que él siempre se sintió protegido y amado, porque da igual donde vayamos, el hogar siempre está en donde están las personas que nos aman, no entre cuatro paredes, sino dentro de su corazón.


sábado, 19 de septiembre de 2015

Manos que se entrelazan



Una semana más. Casi cinco meses desde que la muerte entró sin llamar, te encontró durmiendo y te arrastró con ella a traición, sin darte tiempo a defenderte. Si no hubiera sido así, hubieras luchado con uñas y dientes, porque nunca te faltó el valor para defenderte y para defender a los que que querías, para defender tus valores y tus creencias. 

Muerte cobarde y traidora, no sé si algún día podré hacer las paces contigo. 

Una semana más y la ausencia es como un agujero negro que me absorbe. Soy una más entre los pasajeros del tren que me encuentro cada día al ir a trabajar, una más al caminar por la calle, una más entre los compañeros de oficina, una más en el supermercado... Pero sólo estoy presente a medias, mi espíritu y mi mente están en otro mundo paralelo en el que estás tú: recuerdos, instantáneas, imágenes, palabras, risas, sueños...

Las noticias hablan de la tragedia de los inmigrantes sirios y a cada momento me pregunto qué hubieras dicho tú, qué me hubieras explicado, si estarías de acuerdo o no con la información, con los comentarios. Tu pasión era precisamente informar, tu pasión era informarte e informar con veracidad. Analista experto en terrorismo islámico, con tu propia opinión razonada y contrastada de cualquier tema de política nacional o internacional. En ocasiones no estaba de acuerdo contigo, pero era difícil rebatirte cuando tú tenías siempre hechos, números, información y una gran formación en historia y geografía (aunque se me pusieran los pelos de punta con tu sintaxis).

Y así, me siento a la deriva, y necesito tu opinión sobre lo que está pasando en el mundo, a pesar de que, cuando estabas conmigo, había llegado a enfadarme porque me sentía colapsada por la avalancha de información, porque tenía que pararte los pies para que no te pasaras horas diseccionando la actualidad en tu deseo de darme información fidedigna. Era tu pasión. Ojalá yo pudiera sentir la misma pasión que sentías tú como periodista porque estoy segura de que hace tiempo que habría escrito un best-seller y me habría hecho famosa... Seguro que ahora te ríes por mi ocurrencia.

Ojalá pudiera entrelazar mi mano con la tuya. Tu mano, una mano pequeña comparada con tu corpulencia, con tu corpachón, ese cuerpo grande que escondía una sensiblidad aún más grande.Una mano que de igual manera podía manejar un arma, que sujetar con delicadeza una diminuta maqueta, accionar una cámara fotográfica, acariciar con extrema ternura...la mano que se entrelazaba a la mía cuando paseábamos, esa mano que ya nunca me darás.

Soledad. Nuestro entorno, tus amigos y mis amigos, tienen sus propias vidas de que ocuparse e imagino que piensan que, tras el funeral, yo he iniciado la remontada y ya camino otra vez por la senda de mi vida. Y no es así. Mi vida sigue detenida en el momento en que moriste. Que siga trabajando, comprando, limpiando, hablando, incluso riendo...no quiere decir que camine...mi corazón y mi alma siguen hechos pedazos al pie de ese reloj que se rompió el día 24 de abril de 2015, hace casi cinco meses, cuando tu corazón se detuvo.

Sé que tengo que remontar y seguir adelante. No soy una jovencita, pero tampoco una anciana. Estoy a un año de los cincuenta, una edad a la que aún quedan algunas cosas por hacer. A esa edad la gente sigue enamorándose y hace planes. Pero ¿cómo voy a enamorarme yo? ¿Tienes algún hermano gemelo al que no conozca? Porque en estos momentos echo de menos hasta tus defectos y me resultan estúpidas las cosas por las que me enfadaba o por las que me sacabas de quicio.... Al final te fuiste sin cortarte el pelo y quitarte la coleta que llevaste los últimos meses. Y me tomabas el pelo diciéndome que a ver si me ponía de acuerdo, que cuando llevabas el pelo corto te decía que no te gustaba tan pelón y que ahora que lo llevabas largo tampoco me gustaba. Y yo respondía que no había que irse de un extremo al otro.

Has dejado el listón demasiado alto. ¿Dónde podría encontrar a un hombre con tu determinación, con tu valor, con tus principios, con tu sentido de la justicia y del honor, a un hombre tan valiente, tan decidido, tan cariñoso, tan sensible y que me ame tanto como tú me amaste? Creo que en ningún sitio. Si existe, házmelo saber.

Hace sol. Zulú duerme a mis pies, Claire en el sofá y Rita debe de estar dormida en alguna de las camas. Míguel con su padre. La vida sigue y yo sigo preguntándome qué sentido tiene todo, qué hacemos aquí, para qué nacemos, amamos y hacemos planes para morir en cualquier momento dejando lágrimas y recuerdos y, al cabo de unos años, cuando mueren las personas que nos lloran, olvido.

De momento yo sigo recordando.

Te quiere,

Tu ranita



sábado, 5 de septiembre de 2015

Vínculos

Zulú reposa a mis pies (no lo diré muy alto) y las gatas están durmiendo a pocos pasos. Tranquilidad después de un buen rato de ladridos, maullidos, gritos y carreras.

El día amaneció soleado. En el exterior, ruido de automóviles que pasan y de gente que hace sus compras (es sábado por la mañana) o simplemente pasea. Hace tiempo que me molesta que los sonidos del exterior entren en mi casa. Desearía que los únicos sonidos que llegaran aquí fueran el canto de los pájaros, el de los grillos o el borboteo de un manantial de agua. Dudo de que algún día pueda ser así, a no ser que me haya tocado o me toque el cuponazo o la primitiva.

Fernando y yo soñabamos con tener algún día una casa con terreno y jardín para nuestros animales. Él acostumbraba a soñar, él decía, un tanto vulgarmente, cuando miraba casas o imaginaba lo que haría en tal o cual terreno, que él simplemente se hacía "pajas mentales".

 Soñar y desear es lo único que tenemos. Si no pudiéramos soñar, la vida no tendría mucho sentido, por mucho que los gurús, filósofos y maestros religiosos nos digan que hay que vivir el presente. El presente es a menudo muy prosaico, repetitivo y aburrido. Es necesario soñar para no ser muertos en vida.

Desde que él murió no sueño despierta. No sé qué soñar porque me había acostumbrado a que mis sueños lo incluyeran a él, más bien, era el principal elemento de mis sueños, al lado de mi hijo. Sí.  Sigo deseando que me toque la lotería para dejar de trabajar, comprarme una casa y dedicarme a hacer lo que más me guste, pero ahora a esos sueños le falta la chispa, la ilusión, el brillo,  porque si se cumplen esos sueños, él no estará para compartirlos conmigo.

Los vínculos que nos unen a determinadas personas son algo extraño. Groucho Marx decía que el matrimonio hace extraños compañeros de cama. Yo diría que es el amor el que hace extraños compañeros de cama.

Cuando Fernando se puso en contacto conmigo a través de una red social, dudé entre contestar o no, pero al final lo hice con una sonrisa en mis labios mientras le escribía y le decía, aproximadamente, con un toque de humor que "no podía menos que contestarle porque tenía curiosidad por saber cómo un hombre como él, superviviente de unas cuantas guerras, podía interesarse por alguien como yo, en cuyo perfil se veía perfectamente que era poco menos que una madre trabajadora a tiempo completo". Y él me respondió y yo volví a escribir y, desde entonces ya no nos separamos hasta el día de su muerte, a pesar de los 600 km que impidieron que pudiéramos vivir juntos como queríamos. Y así estuvimos el uno al lado del otro, en lo bueno y en lo malo, en la salud y la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza hasta que la muerte nos separó. Sólo nos faltó decir el sí quiero.

La vida también hace extraños compañeros que llegan a tu vida y se quedan, a veces físicamente, otras veces en tu corazón, entrelazados entre los recodos del alma, para siempre.

La muerte de Fernando también creó esos vínculos, al menos en una dirección, la de mi corazón y mi agradecimiento, y descubrí a los que realmente habían sido sus grandes amigos. Triste es tener que descubrir eso una vez muerto.  

Madrid, León, Bilbao... De algunos no volveré a saber nada, otros, espero de verdad que de una forma u otra se queden en mi vida... Lo cierto es que siempre lo estarán aunque yo desaparezca de las suyas y nuestras existencias den un giro de 180 grados.

Vínculos...que no mitigan mi pena, ni enmascaran tu ausencia pero que dan un poco de paz a mi corazón maltrecho. 


sábado, 29 de agosto de 2015

Desde tu partida...

Querido sapote gruñón,

Nuestra pequeña tropa está bien. Míguel aprobó 3º de ESO con un promedio de notables y sobresalientes. Claire y Rita están tan bonitas como siempre, aunque estoy segura de que si pudieran hablar no dejarían de reprocharme que haya traído a casa a esa cosa enorme y negra de cuatro patas que no deja de perseguirlas y de ladrarles, y que ha ocupado el lugar que les correspondía en mi habitación. Nuestra pequeña tropa son la razón de mi vida, mi razón para continuar.

Sí, Zulú es un trozo de pan, dulce, con una mirada inocente que derrite a cualquiera pero...un cabroncete que, cuando no está dormido y quiere jugar, agobia a las gatas que se refugian debajo del sofá, de las camas o en la galería, defendiéndose con bufidos y zarpazos. Tu Zulú está hecho un tremendo trasto. Confieso que hay momentos en que me pregunto cómo he podido ser capaz de meterme en semejante lío y encontrarme con este circo en casa. No doy abasto, estoy agotada. Zulú me supone levantarme a las cinco y media de la madrugada, pasearlo cuatro veces al día. No hay prácticamente día en que no lo lleve hasta el pipicán para que pase una hora suelto con su pelota o jugando con otros perros.

Trabajo, casa, hijo, gatas...perro...mi vida se reduce a eso y, envolviéndolo todo, tu ausencia, la incredulidad que aún me asalta en ocasiones, el dolor, la impotencia... Cuesta mucho aceptar que nunca más volverás, que no disfrutarás de una puesta de sol en el pantano de Manzanares, de un paseo por la playa, de tus libros, del aire, de un paseo por la sierra...de mi amor, de mis regañinas, de mis caricias. Cuesta mucho aceptar que ya no estás conmigo para compartir mi vida, mis alegrías, mis preocupaciones, mis noches y mis días, que nunca más me dormiré con tu brazo rodeando mi cintura y tu respiración en mi nuca.

He perdido la fe, cariño, la que aún me quedaba. La fe en que todo tiene un sentido, en algo más allá de este lugar en el que estamos. Nunca había creído a pies juntillas en un Dios Todopoderoso, pero sí que, cuando reflexionaba, la vida me parecía algo con mucha mayor trascendencia, en mi interior sentía que todo tenía un propósito...no sé cómo explicarlo... y no tengo ganas de filosofar. Esto es simplemente una carta para ponerte al día porque, aunque es lo que querría, dudo de que te hayas podido quedar junto a mi para seguir de cerca mis pasos. Internet llega a todos sitios, quizás llegue a donde tú estás.

Tengo días mejores y peores. Los días pasan unos detrás de otros. Amanece y anochece y yo me levanto y me acuesto. Y cumplo con mis obligaciones, y hablo y río...pero tu ausencia sigue ahí, agrandándose...

No sé qué hacer con mi existencia. Nuestros planes se han desvanecido y me toca continuar sola. Desearía poder coger mi vida y sacudirla como si fuera una alfombra para airearla; me gustaría poder cambiar de población, hacer las maletas, irme de Cataluña, empezar en otro sitio, excepto en Madrid  (porque tu ya no estás allí), cambiar de trabajo, reinventarme. No lo sé. Supongo que me siento demasiado sola, demasiado perdida ahora que te has ido. Rodeada de personas, pero sola con mis pensamientos.

Miro a la gente, el cielo, los árboles, escucho las conversaciones y todo eso me parece inconsistente tras haber sido abofeteada por tu muerte, que trajo consigo la certeza de que somos motas de polvo sin más importancia para el universo que las hormigas que aplastamos incoscientemente al caminar. Pobres motas de polvo paseando nuestro ego como si fueramos algo especial e importante.

...Pero esto es el amor. Tú y yo lo sabemos. Y esas personas que te hirieron y que no se merecen ni ser nombradas, nunca sabrán lo que es. No sabrán lo que es sufrir y perder porque para eso es preciso saber amar y ser amado. Y sus corazones emponzoñados nunca tendrán esa suerte.

Te quiere,

Tu ranita